CUANDO EL CHUPETE ES UN PROBLEMA 

Muchos lactantes usan chupete o “lolli” de entretención desde que nacen, ya que se sienten más cómodos o dejan de llorar. Si el uso del chupete se prologa más allá de los 18 a 24 meses, se transformará en un problema. 

El lolli es apreciado instintivamente por el recién nacido porque activa y ejercita sus reflejos orofaciales que son necesarios para alimentarse.  Con los días, estos reflejos van dando paso a la etapa oral del desarrollo en que ya no se trata de un proceso automático, sino que corresponde a una etapa de su maduración en que el lactante vuelca toda su energía en satisfacer los primeros impulsos emocionales. Si se le quita el chupete, el niño se siente despojado de algo esencial y llora activamente hasta conseguir su devolución, consolándose de inmediato.

Hasta ahí todo bien, pero si el uso del chupete se prolonga mucho más allá de los 2 años se producirán deformidades del paladar, en la alineación de los primeros dientes y el inicio de la fonación. 

Los padres pueden ir ensayando desde antes de los 2 años algún diálogo con el niño, que incluya conceptos simples como que los chicos a esa edad duermen solos en la cama y no en cunas y que el chupete es cosa de guaguas. También se puede esconder el lolli en compañía del niño en algún lugar difícil acceder.  Si el pequeño se arrepiente y vuelve a exigir el chupete, hay que hacerle ver que es difícil ir a buscarlo.  Mejor no usar más el artefacto.  Renunciar al chupete en estas circunstancias, le significa al niño renunciar a algo gratificante.  Probablemente se arrepentirá del acuerdo y rabiará por su devolución.  Hay que ser firmes, no echarse para atrás.  No serán más de dos a tres noches de rabieta. 

Un caso completamente distinto corresponde a aquellos niños que nacen con alguna anomalía del paladar.  Estos bebés, afortunadamente poco numerosos, necesitarán de chupete mucho más tiempo.

En el período “normal” en que el bebé usa el lolli, asegurémonos que la opción sea buena.  Por ejemplo, que el chupón esté anudado a un cordón que permita que cuelgue de su ropita sin caer al suelo; preferir modelos anatómicos; que no tengan broches o silbatos que se puedan desprender y atragantar al chico, etc.

Todo fácil, ¿verdad?  No.  No siempre es así.  Algunos niños demorarán más, porque su desarrollo es más lento. Entonces, este ensayo es una muy buena oportunidad para mirar el asunto desde otra perspectiva y preguntarse porque tal niño concreto es tan rebelde para dejar el chupete. En estos casos, hay que prestar atención a otros aspectos cognitivos que van madurando armónicamente, como si dice algunas frases simples; si los extraños pueden entender parte de su lenguaje; si corre libremente o da saltitos, etc.