¿CUÁL ES LA MEJOR EDAD PARA LLEVAR AL NIÑO AL DENTISTA?

Cecilia Ruiz-Esquide E., Odontopediatra

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Una pregunta frecuente que hacen las mamás al pediatra se refiere a cuando llevar al niño a control con el dentista.  Dos y medio a tres años, parece ser la  mejor edad.

Sin embargo, hay que recordar que el odontopediatra es uno de los profesionales involucrados en la buena salud dental del niño. Mucho antes, el equipo de salud debe empoderarse en que el niño tenga dientes sanos y fuertes.

Previo al  pediatra, ya el obstetra debe tener presente el tema, porque el desarrollo dentario fetal tiene una secuencia y regularidad conocida y predecible, estando expuesto a muchos daños  potenciales, tanto en la dentición de leche como en la definitiva. Un ejemplo de ello son los síndromes febriles que puede sufrir una embarazada en sus primeros meses de gestación, afectando el desarrollo dentario de incisivos y caninos.   También cuando la gestante sufre complicaciones en el 2° trimestre del embarazo, se puede afectar la dentición definitiva del feto, quedando una impronta, la hipoplasia febril del diente,  que se mantendrá toda la vida.

Algo que suele olvidarse por obstetras y neonatólogos es la pigmentación amarilla del esmalte dentario definitivo en los cuadros de hiperbilirrubinemia neonatal severos, sobre todo ahora, que se permiten valores de bilirrubina cada vez más elevados.

Un hecho poco conocido, se refiere a la lesión dental que sufren en sus incisivos los prematuros que requieren ventilación mecánica. El daño se produce por la compresión prolongada que ejerce la cánula respiratoria sobre la arcada dentaria. Casi un 20% de estos prematuros presentarán daños isquémicos compresivos en los incisivos superiores.

Lo anterior refuerza el concepto de que el equipo clínico debe instruir a la madre sobre cómo cuidar la salud bucal del futuro niño desde el inicio de la gestación. Desde el nacimiento, debe preocuparse de la higiene oral del lactante. Esta práctica ayudará mucho para evitar que el odontopediatra se vea en la necesidad de realizar procedimientos invasivos.

Cuando empieza la erupción de los dientes de leche, a los 6 a 8 meses de edad, el niño ya debe haber internalizado costumbres, como las siguientes:

a) Cepillado de las piezas dentarias, que debe efectuarse después de cada comida principal. Al comienzo, cuando el niño solo tiene los incisivos, se puede usar un trozo de gasa empapada en agua bicarbonatada. La pasta dental se aplica cuando el niño ya sabe enjuagarse.

b) Acostumbrar al hijo a ingerir frutas crudas.

c) Evitar a que el niño ingiera golosinas, como azúcares refinadas. Estas hay que erradicarlas entre las horas de comida.

d) Conversar asertiva y periódicamente con abuelos, padrinos y tíos para que cuando vengan de visita porten un juego didáctico, un librito para niños, alguna prenda de vestir sencilla y útil para la estación, en vez de los perjudiciales dulces.

 e) Acostumbrar al niño a irse a la cama con los dientes limpios. El cepillado antes de dormir es el más importante de todos, porque evita que al permanecer la boca en reposo, los restos de alimentos se adosen firmemente entre los espacios dentarios, que facilitan la polución de la flora bacteriana sacarolítica. Además, hay que tener presente que con la disminución nocturna de la secreción saliva, existirá mucho menos cantidad de inmunoglobulinas secretoras defensivas anti bacterianas.

f) Evitar la mamadera nocturna, apenas el niño reciba las cuatro comidas diarias. Prepare al niño al reposo ayudada con cuentos y canciones infantiles, apagando el televisor y promoviendo la quietud familiar. La mamadera nocturna es la fórmula que más promueve la flora sacarolítica inductora tanto de caries del biberón como caries rampantes en el niño menor. Si necesita ofrecerle algún líquido al niño, emplee agua de la llave, sin azúcar.

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Con estas prácticas sencillas, los odontopediatras, debiéramos recibir la visita de los  niños con sus piezas integras para empezar a realizar medidas específicas de prevención que son:

a) Refuerzo de la  técnica de cepillado

b) Utilización de sellantes

c) Fluoración

d) Incorporación de seda dental.

Lamentablemente, muy pocas veces recibimos un niño con sus piezas dentarias sanas. Generalmente los chicos presentan bastante daño, situación que afecta trasversalmente a la sociedad chilena.

Sólo mejorando la educación oral y la alimentación campañas que, por cierto, sobrepasan al equipo de salud, para incorporar a parvularias y profesores de educación básica, los niños conservarán sanas sus veinte piezas dentarias de leche.